El secreto mejor guardado: La Tarasca 2018

Uno de los secretos mejor guardados año tras año en la ciudad de Granada es «cómo va a ser el vestido de la Tarasca«. Pero, ¿Quién es este personaje?.

La Tarasca es un emblema histórico de las fiestas del Corpus granadino y simboliza el triunfo del bien sobre el mal.  La verdadera denominación de esta procesión pagana es «La Pública» pero el nombre por el que todos los granadinos la conocen es como «la Tarasca». Llaman así al maniquí que año tras año anuncia los días grandes de las fiestas del Corpus Christi y que marca las tendencias de la moda del verano que viene. En realidad, la «tarasca» es el dragón/ser mitológico sobre el que va montado dicho maniquí… pero para un granadino, la «Tarasca» es la mujer.

Todos los miércoles de feria de cada año, en las primeras horas de la mañana, se desvela el mayor secreto que existe en Granada: el vestido de la Tarasca. Siempre hay mucha expectación y secretismo sobre el modelo que lucirá la reina de las fiestas granadinas. El Ayuntamiento suele encargar esta labor a diseñadores locales y este año 2018 el honor ha sido para Viki Noguer. Como buena tradición granadina, hay que resaltar que el vestido siempre trae polémica y hay a quien le gusta y a quien no. De hecho, de vez en cuando se escucha por las calles eso de «vas vestida peor que la Tarasca…o mejor».

La primera toma de contacto.

Viki Noguer llega a los talleres del Centro Cultural Gran Capitán con una caja de lunares, ni grande ni pequeña. ¿Ahí llevas el vestido? pregunta Enrique, el novio de la Tarasca, de quien hablaremos un poco más adelante. Saca el vestido, con mucho cariño y con mucho más cuidado. Con la ayuda de Enrique ayudan a la protagonista a ponerse por primera vez el vestido que la diseñadora lleva desde el pasado 23 de abril preparando. Un mes y siete días en el que Viki ha tenido que plantear el diseño, hacer los patrones, elegir las telas y encargarlas, «así que la confección en sí del vestido empezó tarde, todo forma parte del proceso».  Todo esto entre los carteles que inundan el taller y la mirada de los gigantes y cabezudos que conviven todo el año con el maniquí más querido de Granada.

Enrique Cabrera y Viki Noguer ayudan a la «Tarasca» a ponerse el vestido que lucirá en 2018 por primera vez.

A Viki le ayuda su madre, como toda buena madre, y mientras cose algunos detalles suelta «déjame, mamá, quítate de en medio«, como toda buena hija. La idea que tiene Viki en la cabeza se mezcla con los nervios y la ilusión de vestir bien a la Tarasca. Enrique sigue el proceso con cara de ilusión e incertidumbre y de vez en cuando saca su móvil para hacer una foto para recordar el momento. Entre detalles, conversaciones, «esto así y esto asá» y apuntes, el vestido va tomando forma.

«Vamos a probarle los pendientes», dice la madre de Viki. Enrique exclama al segundo: «¡Qué bonitos, son aguamarina!». Mientras Enrique comprueba (con la ilusión que no se va de su cara) que los zarcillos entran correctamente en su sitio, Viki y Carolina (la encargada de ejecutar las aplicaciones de porcelana pensados por Viki) comienzan a colocar los adornos del alhambreño y azul celestial vestido. «Necesitamos silencio, que si no, no nos entendemos», la concentración es máxima entre las dos. Viki repasa sus bocetos buscando algún detalle olvidado pero, por ahora, la imagen que aparece en el papel se va pareciendo cada vez más a la realidad.


Al acabar la jornada de pruebas, el vestido vuelve a su caja. La diseñadora esta nerviosa, tiene ganas de acabar cuanto antes y seguir con sus cosas. Testigo de esos nervios y de las bromas es una chica en bata, que mira desde arriba y que en unos dias estará subida en un dragón para pasear por las calles de Granada. Viki abandona el taller con la caja bien agarrada y con una sonrisa ilusionante en el rostro. Esto marcha bien, ahora toca retocar y afinar algunas cosas. En unos días volverán al taller de Gran Capitán junto con la encargada del maquillaje y peinado.

 

Viki abandona el taller con la caja bien agarrada y con una sonrisa ilusionante en el rostro. Enrique, detrás, va apagando las luces.

El mismo sábado que empieza la feria, muy temprano, llegan al taller. Viki viene acompañada de nuevo con su madre, Carolina y Mariluz, la encargada de maquillar y peinar a la protagonista. Antes de entrar, Mariluz ya se está yendo: «tengo gente en la peluquería que se va a una boda, vuelvo en un ratillo», esta muy solicitada pero antes deja todas las cosas que usará después, entre ellas el cabello que lucirá la protagonista. Viki comienza a ponerle de nuevo el vestido al maniquí, tarda poco porque ya se lo sabe de memoria. «Está sin planchar, pero ha quedado tan bonito… ¡me encanta!» dice con voz dulce mientras mira con cariño a la Tarasca. Junto con Carolina se atreven con la peluca y, por arriba y por abajo, buscan el lugar donde poner las decoradas peinetas que «tienen que ir en arco, como los de la Alhambra» recuerda Carolina.

Enrique llega un rato después y exclama «me encanta, ¡qué pelazo tienes! Me gusta el color muchísimo, ¡me encanta!». Un par de minutos después, Mariluz avisa por el móvil para que le abran la puerta. La reacción de la peluquera nada más entrar es de asombro: «¡qué vestido tan maravilloso lleva, me encanta!», acto seguido le pide una escalera a Enrique y empieza a deshacer lo que Carolina y Viki habían hecho hace un rato. Se pone a su altura, la cara de Mariluz frente a la cara del maniquí. Ambas se miran con cara de emoción: «A ver Señora, ya estoy con usted. Tranquila que va a ir usted preciosa el miércoles». Coge sus cepillos, sus peines y tijeras para comenzar a crear su capilar obra de arte. Mariluz pide un espejo, para ver bien a su cliente como si estuviera en su peluquería. Todos miran como en cuestión de 15 minutos ha recogido el pelo en un peinado espectacular: «Qué bonica está quedando la Tarascuela», ya han pillado confianza y le han puesto mote. Viki sigue dando pespuntes y probando los adornos cuando de pronto se da cuenta de que el vestido se ha manchado, un poquito, de sangre: «¡Eso es que va a gustar!», no sin escuchar a su madre darle el consejo de «que eso se quita con un poquito de agua oxigenada».


Viki termina de guardar el vestido y se pone a bailar y taconear levemente, le ha salido del alma. La alegría se vuelve a notar en su cara. Sin duda, lo más repetido de la mañana ha sido «me encanta», por algo será. La próxima vez que se vean las caras será en el ayuntamiento de Granada, donde comenzará el montaje de la Tarasca sobre el dragón. Mientras salen por la puerta, el pregón del Corpus 2018 está a punto de comenzar. Granada ya está de fiesta.

Enrique Cabrera, el novio de la Tarasca.

Dice Enrique que lleva toda una vida con ella, concretamente 39 años (1979), «la ví y me enamoré de ella», es que «la niña es muy coqueta pero también muy tímida» y eso es muy importante. La Tarasca vive en el taller del Centro Cultural Gran Capitán y comparte vivienda con los gigantes y cabezudos que le acompañan en sus salidas. Mientras está en casa lleva una bata de seda, «porque no le gusta que la gente le vea sin ropa», y también ayuda a Enrique a cuidar las coronas que sus majestades, los Reyes Magos de Oriente, portan cada 5 de Enero en la cabalgata que ilusiona a mayores y pequeños por las calles de Granada.  Mientras Viki Noguer hace algunos retoques y sigue dando pespuntes al vestido, Enrique tiene cara de ilusión: «¡Qué guapa es!«. La quiere mucho. Pero mucho, mucho, mucho.

Enrique tiene recortes de prensa, entrevistas, libros y apuntes mezclados con los accesorios de los pajes reales de la cabalgata, reproducciones de los cabezudos y diferentes posters de fiestas. Los tiene por todo su taller, aunque lo que más llama la atención es una foto con su amada y unas velas de cumpleaños usadas recientemente. El pasado 22 de Mayo de este 2018, la muchacha cumplió 135 años. «¡Tuvimos una fiesta con su tarta y todo, qué menos!». El cariño que le pone Enrique a los preparativos de los gigantes y cabezudos es conocido por todos: «la espada va aqui, en este sitio, me lo se de memoria», indica a uno de sus ayudantes mientras monta al gigante Fernando el (Rey) Católico en el patio del ayuntamiento.

De “punto de información turística” a “salón de belleza”.

El martes 29 de mayo, día previo a la salida, a las 21:00h de la tarde en la Plaza del Carmen, están todos esperando a que el ayuntamiento se quede vacío, sin nadie que pueda ver o desvelar el secreto antes de tiempo. Solo los policías y miembros de seguridad encargados de velar por el buen estado del consistorio. Mientras terminan las actuaciones que grupos locales ofrecen en el patio, el equipo se acerca a un bar cercano para coger fuerzas: «vamos a cenar que nos vamos a tirar aquí un buen rato», dice Enrique.

Haznos una foto así, que parezcamos «bloggers», dicen Mariluz y Viki.

Un rato después, a las 21:45h, las primeras en entrar en el ayuntamiento son Viki y Mariluz. Van directas hacia la oficina de turismo: «la niña ya está aquí, envuelta como una momia», dice Enrique mientras abre la puerta. Lo primero que hace Viki es sacar el mantón que llevará la Tarasca en la mano y que justamente hace un rato ha terminado de bordarse. Se lo enseña a la concejala de cultura, María de Leyva que está presente en el momento de la preparación y después a Enrique, abrazado por la madre de Viki: «¡Precioso!«. Después sacan el diseño de la caja y visten con cuidado a la «tarascuela» por última vez. Las aplicaciones colocadas se ven más brillantes. «¡Qué garbosa es!» dice Enrique con la baba caída cuando ve el resultado final del vestido ya colocado. Viki se acerca con el mantón y prueba, varias veces sin convencerse, en que mano va a llevarlo el maniquí: «No quiero que se tapen los detalles del vestido, está precioso«.


De pronto, una gran sábana blanca entra en escena. Hay que cubrir el celeste vestido porque llega el momento del maquillaje y ni una mancha está invitada a la fiesta. Mariluz se pone manos a la obra. Lo primero es pintar las uñas, del mismo color que el mantón. Enrique y Viki miran con ilusión la tarea. La concentración de Mariluz es máxima. Después llega el momento de colocar la peluca, que saca cariñosamente de su envoltorio, y que tiene unas mechas rubias recogidas laboriosamente. Hay que colocar el cabello con mucho cuidado. La concentración aumenta. Mientras tanto, Viki está apartada de la protagonista, en una esquina de la sala, arreglando el apaño para que la mano sujete correctamente el mantón y no caiga durante el recorrido. Mariluz coge el bote de laca para fijar la peluca. Después empieza a colocar las cejas que, este año por primera vez en la historia de la Tarasca, son de pelo natural (más concretamente una protesis de las que usan las personas que carecen de ellas). «¡Qué bien le quedan, esas se las dejas Enrique, le han crecido solas!» dice la concejala María de Leyva. Todos observan el trabajo de precisión de Mariluz y, como en una operación, su madre sujeta los instrumentos mientras mira con orgullo lo que hace su hija.


Los pendientes han cambiado, a la madre de Viki le gustaban más estos, mucho más vistosos que los aguamarina anteriores, además juegan con los colores del mantón y del propio vestido. También entran mejor en los agujeros. El mostrador donde cada día cientos de turistas piden información, se ha convertido en un muestrario de material de belleza. Mariluz saca ahora el pincel y sombra aquí y sombra allá la cara del maniquí cobra vida. Perfila los labios y los pinta «del mismo rojo que tengo yo», dice Mariluz. La madre de Viki está encantada: «Es un maquillaje que se puede poner cualquier persona, hasta yo».

El proceso de maquillaje, peinado y retoques de cara ha sido duro. Tras unos retoques finales de fijación y terminar de coser algunas aplicaciones, el trabajo está acabado. Viki arranca con ganas la sábana que protegía el vestido, como si fuera el telón de un teatro, y todos miran con ilusión a la protagonista en su versión final, como una gran obra de teatro a punto de comenzar.


Viki y Mariluz miran sonrientes, abrazadas y con los ojos brillantes el trabajo realizado. Ya no hay nervios, hay ilusión. No paran de repetir «¡qué guapa!», «¡qué bonito el vestido!», «¡Señora, va a triunfar mañana!». El cansancio no es un problema.

El encuentro con el dragón.

Ha llegado el momento en el que la dama conocerá a la bestia. Dos ayudantes entran en la sala de información turística, abrazan a la «Tarasca» y como si de una reina se tratase, llevan a la protagonista al hall principal del ayuntamiento. Pasan por el patio donde, al fondo, los gigantes que la escoltarán al día siguiente se quedan mirando el vestido… ¿les habrá gustado?. La muñeca y el dragón ya están en la misma sala. Viki sube en un momento a la plataforma para colocar correctamente el vestido y el mantón bordado en la mano de la «Tarasca». Pasa riendo por debajo del ala del dragón con ayuda de Enrique. Ahora mismo sobre el soporte hay dos damas y un dragón. Viki pregunta a los que están abajo «¿cómo lo veis?» pero cada uno responde una cosa. «Enrique, cógeme» y en un segundo la diseñadora está en los brazos del novio de la protagonista, prefiere ver ella misma cómo queda el vestido suelto desde abajo. Sube de nuevo, ahora para colocar el mantón. Queda poco y Viki lo sabe, pero quiere dejarlo todo perfecto y se asegura de que el mantón con granadas bordadas quede bien sujeto.


Nada más bajar de la carroza, todos aplauden. La alegría invade la entrada, ahora cerrada a cal y canto, de la casa de todos los granadinos. Viki abraza a Enrique, a María de Leyva, a su madre, a Mariluz… y resopla: «¡Qué alegría, qué guay, ha quedado preciosa!». Viki se quita las gafas y mira a la modelo que lleva su vestido. La modelo mira a Viki como diciendo «gracias, me encanta».


Son casi las 1:30h de la noche. El bien ha triunfado sobre el mal. La belleza ha vencido al dragón y el siguiente día lo demostrará por las calles de Granada. La Tarasca se queda sola custodiando la puerta del Ayuntamiento en un contraste rojo, azul y verde. Mañana será la primera en salir.

El gran momento: El día de la Tarasca.

A las 9:30h, se abren las puerta del ayuntamiento. Algunos curiosos ya estaban esperando para entrar y ver «en exclusiva» el modelo de este año. Poco a poco van saliendo a la Plaza del Carmen los gigantes y cabezudos. La Tarasca también, y se coloca en el centro del arco que, un año más, la cervecera granadina «Alhambra» ha colocado en dicha plaza. Los primeros curiosos, como era de esperar, empiezan con las primeras impresiones: «¡este año si!», «a mí no me gusta el color», «pues está muy bonica». Las primeras fotos se suben a redes sociales y empieza a moverse el vestido de este año.

 

A las 11, una hora antes de la salida, Viki y el equipo ya estan en el ayuntamiento. «¡Socorro, que vergüenza, que nervios, que nervios!» . Solo recibe enhorabuenas, por ahora está gustando mucho. En 15 min, sube al salon de plenos y explica a los medios cuál fue su inspiración para realizar el vestido. También ambas reciben de manos del alcalde, Francisco Cuenca, y de la concejala de cultura, un pequeño recuerdo en agradecimiento por su labor de este año. Mariluz se emociona: «han sido muchas horas de trabajo».


Son las 12:00 de la mañana. El reloj del ayuntamiento empieza a cantar con voz de campana los primeros compases de «Granada tierra soñada por mí» y todo se pone en marcha. La Tarasca, los gigantes, cabezudos, saltimbanquis, princesas, payasos, y mucha alegría inundan las calles de Granada. Los niños rien y disfrutan. Enrique va controlando que todo marche a la perfección. Comienza la fiesta y, un año más, pequeños y mayores hablan del vestido de la Tarasca. ¿Les gustará?.

Reverencias musicales a la reina de las fiestas de Granada.
¡Ya es Corpus en Granada!.

 

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